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Marcela Montoya
EDUCARTE 2010 - EDUCACIÓN
EVOLUTIVA
El Cuento
Era un día maravillosamente diáfano y claro, con la luz y
transparencia de esos días que prosiguen luego de una lluvia torrencial,
en la que el cielo ha explotado en torrentes de milagrosa agua. Desde la
orilla del río podían escucharse las voces de la gente que paseaba
disfrutando de las caricias deliciosas del sol y de la brisa.
En esos instantes donde toda la Creación irradiaba armonía Marysol,
sentada en medio de los árboles, añosos y sabios Maestros del Reino
Vegetal, pudo sentir el canto de un pájaro que sonó como un llamado que
hirió su corazón. Desde la herida percibió que comenzaban a desprenderse
cáscaras y caparazones petrificados que hasta ese momento habían
permanecido adheridos fuertemente al pobre órgano, dejándolo
aprisionado, casi asfixiándolo. Luego, otros pájaros se sumaron al canto
inicial llegándose a formar una bella melodía que la impulsaba a
adentrarse más y más en el interior de su Ser, conectando con su
Espíritu. El agua del río que con la lluvia había aumentado su caudal,
golpeaba contra las piedras cual tambores que acompañaban el canto de
los pájaros. A su vez, las voces y las risas de los niños aportaban sus
sonidos de modo que resonaba un hermoso concierto. El
suave viento traía un exquisito perfume de naturaleza en aroma de
frutos, flores, hojas aún húmedas y de tierra despertando. Los árboles
danzaban grácilmente al compás del viento, quien así se sumaba a la
música. Marysol también pudo percibir la belleza de los colores y las
formas en aquel Paraíso Terrenal donde resaltaban los verdes, los
azules, los rosas y dorados. Una mariposa de alas violetas y con un
centro brillante de color naranja revoloteó antes sus ojos para luego
posarse en su cabeza, danzando con sus alas. La Tierra húmeda mostraba
sus matices de marrones y rojos y descubría sus dones minerales en gemas
y piedras blancas, rosadas, esmeraldas, violáceas y plateadas de
brillante mica.
Fue entonces cuando Marysol pudo darse cuenta que caía el último trozo
de cáscara seca y quebradiza y su corazón dio un brinco casi saltando de
su pecho. Ahí, amando Todo y sintiéndose amada por Todo, le llegó el
impulso de bailar en conexión profunda con la Madre Tierra y la Música
Sagrada que la Creación emanaba. Sintió que era un Dios Creador capaz de
crear nuevamente Todo el Universo. En medio del baile, cayó a la Tierra
para rendirle el homenaje de crear con sus elementos las piedras, las
hojas, las ramas, el agua, la arcilla, las flores, formando con sus
manos hermosas figuras de algún significado oculto que ella no
comprendía pero que era profundamente sentido. También pintó en sus
vestidos, con las tintas de las flores, estrellas y soles y planetas y
mares que bramaban en olas portentosas y bailaban en su falda en la gran
melodía del Cosmos. Al tiempo, empezó a cantar y reír y danzar en
movimientos circulares que ascendían y descendían, contraían y expandían
su luz rítmica y mágicamente.
Mientras, una voz dulce y firme a la vez, brotaba desde su corazón
libertado, pronunciando a los cuatro vientos:
“Educa, educa, educa…”
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