Cuento creado por Adonel en EducArte, Uruguay 2008
CONEXIÓN
“Para el pueblo charrúa, el mapuche, el
azteca, el maya
y para todos los pueblos originarios.
Para el
forastero y el local, porque todos en el fondo lo somos,
acogidos por
esta amorosa madre-nave-hogar
que nos ve nacer, crecer, vivir y
evolucionar
y espera con fe inquebrantable nuestro nuevo despertar.
Gracias por esta historia prestada,
que de la sabiduría nativa
y de las leyes del universo habla,
de la cual he sido un
maravillado canal.”
Bajado directo del amor
y dedicado
con todo el amor de mi ser a Syreane
Adonel
Irdinave, Uruguay, Agosto de 2007
Sentado al lado del fuego
de la sabiduría, Wiñipi le pregunta a su abuelo:
- Abuelo, ¿Cómo son
esos hombres que han llegado a instalarse más allá del río?
- Querido
mío, dijo Auctal, son hombres que vienen de lejos, de un lugar al otro
lado del gran río, de donde viene el Sol. Ellos tienen otro color en su
piel y también otro hablar.
- ¿A qué vienen esos hombres a nuestra
tierra? – volvió a preguntar el niño.
- Y el abuelo contestó: su
espíritu los manda a buscar, a guerrear y a conquistar en forma
incansable, viven desconectados de la tierra aunque ellos viven de ella
al igual que nosotros. Aún deben aprender acerca del amor y de que todas
las cosas y todos los hombres somos uno y creados por el mismo Dios.
Sus líderes no se guían por su corazón y creen que por la fuerza pueden
actuar. Más, no te fíes, entre ellos no todos sienten así, algunos
sienten con el corazón y el amor, la piedad y la compasión guían su
actuar.
Además, hijo mío, debes saber que somos de donde nos quieren
y la maravillosa madre tierra que nos cobija ama profundamente a todos
sus hijos y donde sea mejor para nuestro pueblo nos acogerá.
- ¿Son
peligrosos esos hombres abuelo? – preguntó Wiñipi.
- Un hombre que no
se conoce y no se deja guiar por su corazón puede traer gran dolor a su
hermano, a su pueblo y a su hogar.
No obstante, un día aprenderá lo
que nosotros ya sabemos, aunque nadie puede hacer que otro aprenda de
una manera distinta a la que su propio corazón le dicte.
Siento hijo
mío, que debemos pedir al creador, al Sol, a la Luna, al río y a la
madre tierra, nos den su sabiduría, su fuerza y su paciencia y nuevas
respuestas llegarán.
Debemos pedir que su corazón se ilumine y
ayudarles a conectar su brazo y su mente con su corazón, ayudarles a
abrir el camino para que el gran río del amor les inunde y derrame su
energía hacia fuera de ellos.
Recuerda que el amor no conoce
fronteras ni limitaciones, para él no hay distancias ni tiempo ni
imposibles.
- Abuelo, ¿Ellos se irán algún día?
- Siento que no
hijo mío, ellos han venido a quedarse y a la larga prevalecerán sobre
nuestro pueblo y heredarán esta tierra que habitamos, la que hasta ahora
ha sido nuestro hogar.
- No es justo abuelo, dijo el niño, ¿Por qué
el creador permite que esto ocurra?
- Mira hijo, dijo Auctal, el
creador vive y crece en nosotros y a través nuestro, a través de todos
sus hijos y a través de todo lo que es.
En su sabiduría crea a sus
hijos y los pinta de muchos colores, los planta en distintos lugares y
les colma de muchos obsequios también distintos. A unos los hace sabios
y a otros ignorantes, a unos los hace pacíficos y a otros belicosos,
porque es través de nuestra libertad de pensar, sentir y actuar la
manera en que el mismo creador crece y aprende en forma que no podemos
ni imaginar.
No obstante, estamos unidos los unos a los otros a
través de una red que no podemos ver con los ojos. Cada ser creado, cada
animal, planta y cosa es nuestra hermana a la cual estamos ligados en
forma que no podemos desligar, lo que le pasa a uno afecta a todos los
demás.
El bosque es rico en distintos animales y vegetales y aunque
el zorro cace al conejo, ambos son hermanos e importantes para nuestra
madre tierra como un hijo suyo.
Un día el mundo estará unido por el
amor, el hombre blanco será igual al rojo o al de cualquier otro color,
la vida de un niño, de un anciano, mujer u hombre será tan valiosa como
la de un árbol, un ave o un animal.
No obstante, si llega el día en
que nuestro pueblo ya no vea más el Sol, eso no será motivo para ponerse
triste, viviremos de todas formas en la energía del amor porque hemos
dejado nuestro corazón en cada árbol del bosque, en cada piedra del río,
en cada matorral del llano, en cada lugar de esta hermosa tierra. Y al
final todos y cada uno de los corazones terminarán por ser conquistados
por el amor, ¿Y sabes por qué hijo mío?
- No se abuelo, respondió
Wiñipi.
- Porque el pulsar del corazón del hombre rojo y el de la
madre tierra tiene el mismo palpitar, nuestra energía es la misma y si
nos vamos de esta tierra tan solo volveremos a ser lo que verdaderamente
somos y retornaremos a los brazos de nuestro creador… y al final sólo el
amor prevalecerá, ese es el plan divino.
- Te amo abuelo.
- Yo
también te amo hijo mío.
- Fin -